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La Barceloneta

Calles estrechas, ropa tendida, olor de mar, pescadores... La Barceloneta es el barrio marinero de Barcelona, abierto entre el puerto y las playas al abrigo del viento. Con un ambiente popular siempre animado y una oferta impresionante de restaurantes y bares que ofrecen tapas y cocina marinera, en la Barceloneta parece que siempre sea verano.

Alma marinera

La Barceloneta, el barrio marinero del distrito de Ciutat Vella, siempre ha estado ligada al mar. Su historia se remonta al siglo XVIII, cuando se creó como barrio de nueva planta, con un trazado barroco y cuadriculado que se conserva casi intacto. En aquella época, la zona era un arenal que quedaba a las afueras de la antigua ciudad amurallada, al que se accedía desde el portal del Mar, situado aproximadamente donde ahora se encuentra el Museo de Historia de Cataluña, en el Palau de Mar.

De sus orígenes cabe destacar las calles alargadas y abiertas al mar, con las casas adosadas unas a otras, y también la iglesia barroca de Sant Miquel, que preside la plaza del mismo nombre, en el centro del barrio.

Las viviendas de la Barceloneta fueron ocupadas por marineros, pescadores, gente de oficios vinculados al mar y personas llegadas de todas partes que buscaban rentas baratas. Ciudadanos, todos ellos, que dotaron de un carácter único este barrio diseñado a la orilla del mar.

A mediados del siglo XIX, los pescadores fueron dejando sitio también a los obreros de las metalurgias. De aquella época industrial todavía se conservan la torre de la Catalana de Gas, una obra premodernista impresionante, y el Mercado de la Barceloneta, un recinto que ha sido remodelado por el equipo del desaparecido arquitecto Enric Miralles y en el que se ha recuperado la estructura de hierro forjado combinándola con elementos modernos. Un espacio que está llamado a ser una referencia en el barrio y en la ciudad.

A pie de playa

La entrada del siglo XX significó la apertura de la ciudad de Barcelona hacia las playas. Los baños, que fueron apareciendo a lo largo del litoral, tuvieron una importancia especial en el barrio de la Barceloneta, que inauguró una actividad nueva y pujante: la gastronomía. Bares, fondas y restaurantes dieron de comer a los millares de bañistas que acudían buscando el mar.

La Barcelona olímpica de 1992 supuso otra revolución para la Barceloneta. La construcción de la Vila Olímpica rodeó el tradicional barrio de pescadores de esculturas y edificios modernos. Hoy en día, flanqueando el barrio por el litoral, encontramos, por una parte, el pez de Frank Gehry, una gran escultura dorada que parece flotar sobre el mar, y, por la otra, la silueta en forma de gran vela del Hotel W, elementos, ambos, que enmarcan la tradición con su modernidad.

La Barceloneta, en medio, con sus sillas en la puerta, la ropa tendida en los balcones y el habitual aroma de pescado, es todavía uno de los lugares más fascinantes y auténticos de la vida marinera en Barcelona.

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