La muralla romana

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La muralla romana

Barcino, la colonia fundada en la época de Augusto, se convirtió un núcleo de población estable, hecho por el que, a finales del siglo III, el emperador Claudio decidió reforzar la muralla primitiva. Esta segunda muralla seguía el trazado de la anterior, pero ampliaba el grosor de los muros y aumentaba considerablemente la altura. También se levantaron cerca de 75 torres de vigilancia.

Obra maestra de la ingeniería militar

La potente muralla que rodeaba la metrópoli se mantuvo igual durante casi mil años, hasta que Jaime I, en el siglo XIII, ordenó la ampliación. Durante siglos, la ciudad permaneció dentro de los límites de esta muralla, que dibujaba un octágono alargado y ocupaba toda el área comprendida, en general, entre la plaza de la Catedral y la calle de Gignàs, de norte a sur, y entre las calles del Sotstinent Navarro y de Avinyó, de este a oeste.

Tramos al descubierto

En diversos puntos del barrio Gòtic todavía son visibles los fragmentos de muralla, e incluso se puede recorrer gran parte de su trazado. La plaza Nova, a la derecha de la catedral, es un buen punto para empezar y observar restos de la muralla: se conservan cuatro torres, dos que se integran en la Casa de l’Ardiaca y las otras dos, adosadas a ambos lados de la calle del Bisbe, que flanqueaban una de las cuatro entradas de la antigua urbe romana.

Desde allí, hay que continuar por la avenida de la Catedral y bajar por la Vía Laietana, donde, en la plaza de Ramon Berenguer, se aprecia un buen tramo de lienzo, sobre el cual reposa la capilla gótica de Santa Àgueda, del siglo XIV. A sus pies también se conservan restos del foso original, que tenía funciones tanto defensivas como de alcantarillado. El trazado sigue en sentido mar, con tramos descubiertos, otros en proceso de descubierta y otros ocultos por los edificios, hasta la plaza de los Traginers, donde se encuentra otra de las imponentes torres. Desde allí, la muralla continuaba hasta la puerta del Mar, cuyos restos se pueden ver actualmente en el interior del Centro Cívico Pati Llimona. En las afueras, adosadas a las murallas, se establecieron las termas portuarias, que se han recuperado hace poco y que merecen una visita.

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