El Museo Marès

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El Museo Marès

A lo largo de su vida, el escultor Frederic Marès se dedicó a reunir piezas hispánicas de todas las épocas, desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Esta colección escultórica constituye, hoy en día, el alma del Museo Marès, junto con una parte de su propia producción artística y una valiosa colección de objetos cotidianos, que incluye desde pipas y abanicos hasta llaves medievales.

Un edificio excepcional

Junto a la catedral, el Museo Marès se ubica en uno de los recintos del Palau Reial Major, que había sido la residencia de los condes de Barcelona y reyes de la Corona catalano-aragonesa en la época medieval, un edificio gótico de enorme valor histórico y de gran belleza.

El palacio abraza un delicioso patio rodeado de porches y repleto de naranjos: el vergel. Está abierto al público y, durante los meses de buen tiempo, se convierte en un espacio de encuentro y de calma, aislado del alboroto del exterior. En medio del patio hay una fuente con un manantial donde, el día del Corpus, se celebra la fiesta de L'ou com balla.

El universo Marès

Vale la pena adentrarse con tiempo a descubrir los secretos del Museo Frederic Marès, ya que está lleno de objetos de todo tipo. Se pueden apreciar magníficas esculturas románicas de madera policromada, pero también abanicos, tarros de farmacia antiguos, pipas y juguetes... Así era el universo de Frederic Marès, el escultor que dedicó buena parte de su vida a reunir esculturas y objetos hispánicos en una colección de gran valor.

Entre las obras de arte, destacan el retrato del emperador Augusto, proveniente de la Tarraco imperial, y una extensa serie de tallas policromadas de carácter religioso que datan de los siglos XII al XVIII.

Entre los objetos cotidianos, ordenados en diez salas temáticas, destacan la colección de utensilios femeninos (indumentaria, complementos, joyas...), la sala de fotografía y la colección de objetos de forja, que muestra desde llaves medievales hasta cajas fuertes. Como Frederic Marès no abandonó nunca su pasión por el coleccionismo, el museo se continuó ampliando y enriqueciendo con nuevas piezas. La falta de espacio obligó a llevar a cabo las obras de ampliación en la década de 1960 y, posteriormente, a finales del siglo XX. Durante la ejecución de estas obras se recuperó, de paso, una parte de la muralla romana, que incluía una de las torres.

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