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La Rambla

No hay nadie en el mundo que no se quede fascinado por la vida de La Rambla. En poco más de un kilómetro se despliega toda la esencia de la ciudad. Desde la plaza de Catalunya hasta el monumento de Colón, La Rambla cambia a cada paso. Beber agua en Canaletes, comprar flores, persignarse ante los Caputxins, comer en la Boqueria, emocionarse en el Liceu y terminar casi a pie de mar. Y volver Rambla arriba. Un río de vida imparable que no duerme nunca, una ciudad dentro de la propia ciudad que capta el pulso de Barcelona.

El paseo más barcelonés

En La Rambla se puede ramblear, es decir, subir y bajar una y otra vez por el gran paseo de Barcelona solo por el placer de hacerlo, por el placer de sentirse como en casa. Porque La Rambla es acogedora e integradora. Por ella pasean los obreros humildes y los personajes poderosos que van al Liceu, los comerciantes de Ciutat Vella y los marineros que acaban de llegar al puerto. Los que la habitan desde hace años y los que la visitan por primera vez. Todos forman La Rambla. Y esa es la esencia de Barcelona.

Las cinco ramblas de La Rambla

Cuando, en el siglo XIX, Barcelona rompió las murallas que la asfixiaban, se construyó un gran paseo para unir la zona alta de la ciudad, la parte de montaña, con el área de Ciutat Vella, la parte de mar. La Rambla son cinco tramos con nombres diferentes. Empezando desde la plaza de Catalunya y bajando Rambla abajo, hacia el puerto, da comienzo la rambla de Canaletes, donde está la Fuente de Canaletes, una fuente del siglo XIX de la que dicen quien bebe de ella vuelve a Barcelona. Un poco más abajo está la rambla de los Estudis, llamada así porque albergó una de las primeras universidades de Barcelona, clausurada en el siglo XVIII, cuando Felipe V suprimió las universidades catalanas. En esta zona se encuentra el Palau de la Virreina, un ejemplo de arquitectura civil y un gran regalo símbolo del amor del virrey del Perú hacia su segunda esposa. Siguiendo dirección mar, empieza la rambla de las Flors, el único lugar de la Barcelona del siglo XIX donde se podían comprar flores, que hoy todavía mantiene esta actividad. La Boqueria y el Liceu, dos instituciones de la comida y la música, dan comienzo a la cuarta rambla, la de los Caputxins, llamada así por el convento de frailes capuchinos que se emplazaba en ella. La quinta parte, la rambla de Santa Mònica, es donde tradicionalmente se ubican los dibujantes y los pintores, y enlaza este espectacular paseo con el mar.

La Rambla, que conectó Barcelona de arriba abajo, es un componente imprescindible de la ciudad, el paseo por el que todo el mundo tiene que pasar en un momento u otro. Sentir La Rambla es sentir Barcelona.

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