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El Raval

El barrio de calles desordenadas conocido como el Raval, que se abre desde La Rambla hasta el Paral·lel, es el pasado y el futuro de Barcelona. Un barrio denso, diferente, que ha sido siempre un lugar de acogida y que posee una vida cultural que no se ve en ningún otro rincón de la ciudad.El Raval es auténtico y posee personalidad, y atrae tanto a todo el mundo que pasear por sus calles tiene incluso una palabra propia: ravalear. Es hora de ir a ravalear, de deambular por este barrio que invita al visitante a impregnarse de cultura.

Huellas del pasado

El edificio más antiguo que conserva el Raval es el monasterio de Sant Pau del Camp, de estilo románico y originario del siglo X, cuando la zona quedaba fuera de la Barcelona amurallada. Fue durante la época medieval cuando el barrio, lleno de campos de cultivo y conventos, también quedó protegido por las terceras murallas de la ciudad. De aquel tiempo, y construidas según el estilo gótico predominante en Barcelona, se conservan importantes construcciones, como las imponentes Drassanes, que delimitan el barrio por el lado del mar, y el edificio del antiguo Hospital de la Santa Creu, hoy transformado en Biblioteca Nacional de Cataluña y con un patio interior abierto a todo el mundo y lleno de naranjos que invita al descanso.

No fue hasta el siglo XVIII cuando se urbanizó como un barrio más de la ciudad, y enseguida, gracias a las bajas rentas, se convirtió en zona de residencia de obreros e inmigrantes que llegaban de fuera, a menudo huyendo del hambre del campo, para trabajar en la cada vez más activa industria barcelonesa. A pesar de la oscuridad natural del Raval, donde parece que cuesta que entre la luz del sol, en medio de las calles estrechas y húmedas de este barrio, Antoni Gaudí también dejó su colorida huella al construir el Palacio Güell, la casa familiar del empresario Eusebi Güell, la primera gran obra del arquitecto modernista, en la calle Nou de la Rambla.

La transformación de un barrio

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Raval, debido a su proximidad al puerto, se convirtió en el barrio chino de Barcelona. Foco de revueltas proletarias, el barrio fue duramente castigado por las guerras, que no ayudaron a que el Raval perdiera el aire de suburbio marginal que ha arrastrado durante años. Pero al chino también le llegó el tiempo de la mejora: la apertura de la rambla del Raval en las postrimerías del siglo XX; la rehabilitación de muchas viviendas y edificios emblemáticos; la ubicación de los museos más modernos, como el Museo de Arte Contemporáneo (Macba) y el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB); la apertura del nuevo edificio de la Filmoteca de Cataluña, y, sobre todo, la reconquista de las calles y las plazas por parte de la ciudadanía han transformado el Raval en el barrio de la ciudad con una oferta cultural más rica y variada, que atrae cada vez a más artistas y artesanos y donde siempre se pueden encontrar nuevas propuestas emergentes. Las calles son las mismas, pero hoy en día parecen más anchas, con más luz y más llenas de vida. La mezcla de procedencias de los habitantes y la gran vida cultural que se respira en la zona hacen de este barrio uno de los más vivos de la ciudad, y ravalear invita a descubrir varios mundos dentro de uno solo, el Raval.

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