Sant Pere y Santa Caterina

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Sant Pere y Santa Caterina

Para encontrar la esencia de la época medieval en Barcelona hay que dar una vuelta por los barrios de Sant Pere y Santa Caterina. Perderse por sus calles estrechas, sinuosas y poco soleadas, para encontrarse con agujeteros, sombrereros, cordeleros, zurradores; gremios que han dado nombre a las distintas vías. Pasear por sus calles es viajar por la historia, pasada y presente, de la ciudad. Unos suburbios que se convirtieron en el meollo de la Barcelona medieval.

Los barrios medievales

Caminar por Sant Pere y Santa Caterina comporta sorpresas en cada esquina. Unos restos románicos, un recuerdo del Rec Comtal, vestigios de antiguos gremios textiles... Estos barrios medievales son libros abiertos de historia en medio de la ciudad. Atravesando callejones y plazas se llega hasta la plaza de Sant Pere, donde se encuentran los restos de la iglesia del antiguo convento románico de monjas benedictinas, Sant Pere de les Puel·les, que fue el origen del barrio. Este convento fue de los más ricos de toda Barcelona, ya que los benedictinos acogieron a muchas de las hijas de las clases nobles que querían profesar. La otra parte del barrio, Santa Caterina, también tiene un origen religioso, ya que se articuló en torno al convento gótico de la orden de los dominicos predicadores. Y del convento hacia el mercado. En 1848, un incendio afectó al convento, que se demolió; en su solar se levantó el primer mercado cubierto en un recinto cerrado de la ciudad: el Mercado de Santa Caterina, una edificación neoclásica, totalmente reformada en el 2005 por el arquitecto Enric Miralles, que proyectó un tejado de mosaico cerámico que se ha convertido en un icono del barrio.

Nombres de ayer y colores de hoy

En el siglo XVIII, los barrios de Santa Caterina y Sant Pere se transformaron en dos importantes núcleos industriales, sobre todo de manufacturas textiles. Los nombres de las calles son la mejor manera de recorrer estas huellas: cordeleros, carderos, frazaderos, algodoneros, la plaza de la Llana, calles estrechas y serpenteantes, construidas recorriendo antiguas calzadas romanas donde se levantaron centenares de casas-fábrica para acoger a los obreros. La presión demográfica aumentaba y, a fin de oxigenar la zona, en 1835 se abrió la calle de la Princesa, la primera vía empedrada de la ciudad, pero no fue hasta el siglo XX cuando se reorganizó toda la zona con la construcción de la Vía Laietana, una amplia avenida que dividió en dos el centro histórico de la ciudad: por una parte, Santa Caterina, Sant Pere y la Ribera; por la otra, el Gòtic.

Santa Caterina y Sant Pere, dos de los barrios con más personalidad de Ciutat Vella, ahora vuelven a revivir con multitud de pequeños restaurantes, tiendas y bares, y la zona es una mezcla de multiculturalidad y artistas independientes que atrae a los visitantes. Poetas, pintores, nobles e incluso ladrones, como el bandolero Joan de Serrallonga, vivieron en él. Recorrerlo es vivir, a pie de calle, la historia de la ciudad.

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