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La Casa Bloc

Escondido entre las calles de Sant Andreu, hay un bloque de viviendas obreras que se convierten en un pequeño tesoro: la Casa Bloc. Se trata de cinco edificios dispuestos en forma de S que rompieron con el concepto de vivienda social y que se han convertido en uno de los mejores ejemplos de arquitectura racionalista del siglo XX.

El progreso racionalista

Luz, ventilación e higiene. Estas fueron las tres premisas fundamentales para la construcción durante la Segunda República de los pisos de la Casa Bloc, un conjunto de viviendas para los obreros, que entonces todavía vivían en barracas en los barrios industriales de Sant Andreu. Se proyectó la construcción de doscientas viviendas, en las que los arquitectos Josep Lluís Sert, Joan Baptista Subirana y Josep Torres Clavé, integrados en el movimiento racionalista y miembros del GATCPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), quisieron crear un entorno limpio, claro y asequible que hiciera la vida más fácil a los trabajadores.

La gran S que formaban los cinco edificios estaba compuesta de viviendas dúplex abiertas al exterior, donde siempre entraba la luz natural y en las que se suprimieron los patios interiores, de tal modo que todos los pisos daban a un lado y otro de la calle, con lo que la ventilación era más efectiva. Se trata de unos bloques que se alzaban sobre pilares para permitir la entrada fluida de los habitantes y para crear espacios verdes... Un proyecto que no terminaría la República, pero sí el Gobierno franquista. Por ese motivo, aquello que inicialmente se había proyectado como viviendas para obreros acabaron siendo pisos para militares, viudas de guerra y más tarde policías nacionales.

Un piso de los años treinta

La rehabilitación de una de las viviendas como piso-museo ha corrido a cargo del Disseny Hub de Barcelona, que ha recuperado los pavimentos hidráulicos originales, las puertas plegables —sacadas de otros pisos en desuso—, las cocinas económicas, el lavadero con ducha, separado del lavabo, e incluso piezas del mobiliario original de los años treinta. Un piso-museo que se puede visitar para comprobar cómo la arquitectura racionalista pensó en casas funcionales, pero que dignificaran las duras condiciones de vida de los trabajadores de Sant Andreu.

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