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El Poblenou

El industrial y popular Poblenou es uno de los barrios con más personalidad de Barcelona. El Poblenou es historia viva de obreros y de anarquismo, de las fábricas, pero ahora es también uno de los centros de creación más punteros. Las chimeneas han dejado paso a los ordenadores y las fábricas, a las nuevas redes. A pesar de su modernidad, una de las mejores horchatas de Barcelona continúa siendo del Poblenou.

Un barrio con carácter

A principios del siglo XX, el Poblenou era conocido como el “Manchester catalán”, y ahora se podría convertir en el “Silicon Valley de Barcelona”. Cambian los trabajadores, pero el carácter obrero todavía se mantiene.

El Poblenou, un barrio del sector marítimo de Sant Martí, ha visto cómo cambiaba la fisonomía de sus calles, pero sin perder su esencia. Un suelo barato y libre, la proximidad a Barcelona y el agua abundante hicieron que las fábricas se instalaran y crearan un núcleo industrial muy potente. El Poblenou acogía fábricas de todo tipo, textiles como Ca l’Aranyó —sede de la Universidad Pompeu Fabra—, Can Felipa —hoy el centro cívico—, metalúrgicas como Can Girona —de la cual se conserva la chimenea—, harineras, curtidurías, fábricas de chocolate, de licores... Fábricas y chimeneas, de las cuales quedan más de 30 repartidas por el barrio, competían por el espacio con las casas que se construían a toda prisa para los trabajadores, e incluso con las chabolas que se asentaban en la playa, en la zona del Somorrostro, donde nació la gran bailaora Carmen Amaya. Es fácil seguir las huellas de esta historia paseando por sus calles, todavía estrechas y antiguas, y para los más atrevidos, dando un paseo por el cementerio, el primero de la ciudad, donde se pueden ver antiguos mausoleos neoclásicos y de estilo modernista.

Los nuevos aires de los nuevos tiempos

La Barcelona del 92 abrió la ciudad al mar y le dio un nuevo aire a toda la zona. Las industrias fueron desapareciendo y el barrio se transformó. Todavía mantiene su carácter de barrio obrero, pero la producción ha cambiado bastante. En las mismas fábricas, antiguas muestras de la arquitectura industrial de principios de siglo, se cambió el mono de trabajo por las zapatillas deportivas, y ahora las empresas de tecnología, diseño y universidades repueblan el paisaje.

La rambla, escenario de los primeros pasos de Carmen Amaya, de batallas anarquistas por la mejora de los sueldos, de comercios centenarios, ahora es un espacio que respira tradición y calma, pero que no olvida sus raíces. De ello se encarga la horchatería del Tío Che, que ha pasado de servir horchata a los agotados obreros que salían de las fábricas a hacerlo a los jóvenes creativos que se acercan con zapatillas y tejanos y que han convertido el Manchester catalán en el Silicon Valley de Barcelona.

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