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El Paral·lel

Una de las avenidas más míticas, el Paral·lel, fue considerada, a principios del siglo XX, el Broadway de Barcelona y el Montmartre catalán.En la actualidad, el Paral·lel todavía es una avenida llena de luces, teatros, music halls, cafés... ¡Es, sin duda, un paseo donde encontrar la oferta más variada de espectáculos musicales, comedias, vodeviles o cabaré y pasarlo la mar de bien!

Una historia centenaria

Abierto desde Sants hasta el mar, el Paral·lel atraviesa tres distritos de la ciudad: Sants-Montjuïc, L'Eixample y Ciutat Vella, con una identidad propia arraigada desde sus orígenes. La avenida fue proyectada por el arquitecto y urbanista Ildefons Cerdà, autor del trazado del célebre Eixample barcelonés, y se abrió en 1894 en un terreno de huertas y fábricas que parecía tierra de nadie. Del porqué de su nombre, Paral·lel, existen diversas teorías, pero la más sorprendente afirma que se debe a que su trazado coincide exactamente con el paralelo 41.

La avenida de las luces

Esta tierra de nadie olvidó muy pronto sus inicios fabriles, de los que hoy en día solo se conservan las tres chimeneas de la antigua central eléctrica de La Canadenca. Enseguida se abrió al mundo como una de las arterias más lúdicas, festivas y canallas de toda Europa. El Paral·lel se llenó de cafés, teatros, music halls, circos y cabarés, y el vodevil y el cuplé plantaban cara a las representaciones del Liceu. Era una diversión para las clases trabajadoras, que acudían en masa desde los barrios superpoblados de Ciutat Vella. Pero el Paral·lel también atraía a los ricos y los burgueses de las zonas altas de la ciudad, que buscaban un ambiente alejado de su rígida moral, así como a políticos radicales o anarquistas, como Lerroux o el Noi del Sucre, que buscaban el anonimato para sus encuentros entre las multitudes que invadían esta ancha avenida. El Paral·lel era de todos y para todos, y en él tenían cabida tanto espectáculos de revista como los de la famosa Bella Dorita, y también obras de afamados dramaturgos como Santiago Rusiñol, autor de la célebre obra L'auca del senyor Esteve.

De aquella época se conserva El Molino, uno de los cafés cantante más reconocidos de Europa, que rinde homenaje al Moulin Rouge de París. Pero, además, otras salas como el Apolo, el Teatro Victòria, el Condal y el BARTS hacen que el espectáculo siempre esté a punto de empezar.

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