Los jardines de Joan Maragall

Espacios naturales

Los jardines de Joan Maragall

Construidos en el año 1929 por Jean-Claude Nicolas Forestier, los jardines de Joan Maragall se despliegan en torno al Palacete Albéniz, que aloja a la familia real en sus visitas a Barcelona. Pasear por sus avenidas de césped y magnolias y disfrutar de su silencio es todo un privilegio.

La elegancia de la naturaleza

Con sus fuentes ornamentales, los parterres de enormes árboles, las numerosas esculturas y las plantas propias de la jardinería afrancesada del siglo XX, no es de extrañar que los jardines de Joan Maragall sean considerados como los más elegantes de Barcelona. Además, abrazan en su interior el neoclásico Palacete Albéniz, el edificio que funciona como residencia de la familia real en sus visitas a Barcelona. Diseñados por Jean-Claude Nicolas Forestier en el año 1929 con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, los jardines de Joan Maragall forman un espacio lleno de serenidad donde el silencio y el borboteo del agua son los sonidos principales. Las amplias extensiones de césped con árboles típicamente mediterráneos como el olivo y la encina se mezclan con otras más exóticas como la Cyca revoluta. Los caminos de sablón permiten ir explorando el jardín y sus diferentes rincones. En la entrada principal, una gran avenida de magnolias con un extenso estanque con manantiales en el centro conduce hasta los pies de la colina situada delante del palacete. Arriba, una plaza semicircular rodeada de cipreses y presidida por la estatua de Serenaes la antesala de un pequeño anfiteatro.

Música y poesía

El palacete, construido también en 1929 por Joan Moya, es un edificio de corte neoclásico con gran valor arquitectónico que fue remodelado y arreglado en 1970 para tomar el aspecto con el que se lo conoce hoy en día. El nombre del palacete está dedicado al músico Isaac Albéniz, ya que durante un tiempo se estudió la posibilidad de instalar allí el Museo de la Música, lo que finalmente no se llevó a cabo. También en 1970, los jardines se ampliaron y pasaron a llamarse Joan Maragall, en honor al poeta catalán. Pasear por estos parques reales que no siempre están abiertos al público supone adentrarse en un mundo aparte, una experiencia que permite observar lo que el hombre idealizó como un paraíso en la tierra.

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