El Park Güell

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El Park Güell

Park Güell es Antoni Gaudí. Una de las obras más emblemáticas de este arquitecto, el sueño de un genio que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. No hay recuerdo, postal o fotografía que no incluya un dragón de cerámica y los bancos ondulados del mirador. El Park Güell, símbolo de la Barcelona modernista, invita a entrar en un mundo fantástico donde jardines y arquitectura se funden en un único paisaje. Gaudí es Barcelona.

Un paisaje onírico

Nada más pasar por la puerta principal, flanqueada por dos construcciones que parecen sacadas de un cuento de hadas, se entra en un mundo diferente, encantador, original..., un mundo donde arquitectura y jardín se funden y confunden en un paisaje onírico. El dragón de mosaico cerámico vigila a los visitantes, pendientes de cualquier detalle que descubrir: caracoles, setas, flores, hojas..., cada rincón, cada trocito de parque, es un descubrimiento.

Eusebi Güell, prohombre de la ciudad, quiso crear, a principios del siglo XX, una ciudad-jardín al estilo británico, un lugar donde la clase acomodada pudiera tener una residencia, de ahí el nombre de Park Güell. Se construyeron caminos, escalinatas, una plaza, un pabellón para el servicio e incluso una casa muestra, pero el proyecto fracasó. En 1922, seis años después de la muerte de Eusebi Güell, el Ayuntamiento de Barcelona compró los terrenos y convirtió el lugar en un parque público, el más singular de la ciudad.

La ondulación de la naturaleza

La imaginación desbordante de Antoni Gaudí está presente en cualquier rincón del parque, con elementos que sorprenden a los visitantes, que llegan de todo el mundo. El dragón de cerámica de la entrada da paso a la sala hipóstila, un espacio abierto de 86 columnas de estilo dórico que tenía que acoger el mercado de la ciudad-jardín. La plaza, que nace directamente de la montaña, escenifica la unión entre naturaleza y arquitectura y está delimitada por un banco ondulante de mosaico cerámico, diseñado por un discípulo de Gaudí, Josep Maria Jujol. Desde este banco, suavizado por las ondulaciones, hay una de las mejores vistas de la ciudad.

No solo el banco serpentea, lo hacen también los caminos, los porches y los viaductos. Huyendo de las líneas rectas, Gaudí imaginó una arquitectura en consonancia con la vegetación y la naturaleza, en una simbiosis entre la piedra y el verde.

Ante el fracaso del proyecto, y visto que no se vendería ninguna casa, el propio Gaudí vivió en la casa muestra hasta 1926. Actualmente es la sede del Museo Gaudí y se pueden ver dibujos, maquetas y mobiliario diseñados por él mismo.

Cuando Antoni Gaudí obtuvo el título de arquitecto, el rector de la Universidad, Elies Rogent, dijo: “Hemos dado un título a un genio o a un loco, solo el tiempo lo dirá”. Y el tiempo ha dado su veredicto: la genialidad de Gaudí, que muestra de manera impecable el Park Güell, es, desde 1984, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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