El Parque de Atracciones del Tibidabo

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El Parque de Atracciones del Tibidabo

Desde que abrió sus puertas a principios del siglo XX, el Parque de Atracciones del Tibidabo forma parte de la memoria de la ciudad. El parque hace soñar a pequeños y mayores con espejos, autómatas, el tren de la bruja o la Atalaya, y hoy, como hace más de cien años, el Tibidabo continúa siendo la montaña mágica. Subir al Tibidabo ha sido siempre motivo de fiesta.

La conquista de la cumbre

El Parque de Atracciones del Tibidabo es uno de los más antiguos de Europa aún en funcionamiento. Su inauguración, en 1901, supuso la conquista por parte de los barceloneses de la montaña, que pasaba a ser un referente del ocio en la ciudad.

A finales del siglo XIX, el doctor Andreu decidió urbanizar los terrenos del Tibidabo y sacarles provecho, entre ellos de la cima, donde construyó un parque de atracciones como colofón de su proyecto de ciudad-jardín. Si bien al principio los ciudadanos subían a pie, a "hacer salud", el Tranvía Blau y el funicular un extraño ascensor, tal como decían a principios de siglo lograron que el parque de atracciones se convirtiera en uno de los puntos de ocio más importantes para la gente de Barcelona.

Atracciones centenarias

Los primeros espejos deformantes, que atrajeron a una multitud de visitantes; la Atalaya, que ofrece vistas únicas de la ciudad a más de 50 metros desde la cima; el avión que da vueltas desde 1928; el museo de los autómatas, una de las mejores colecciones del mundo hacen felices a pequeños y mayores y forman parte de la memoria de la ciudad.

Un espacio emblemático que incluso robó el corazón al mismo Walt Disney: dice la leyenda que extendió un cheque en blanco para llevarse uno de los autómatas del Tibidabo, pero que no lo consiguió. Quizá la magia del Tibidabo hizo de las suyas.

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